martes, 30 de junio de 2015

LA SANIDAD INTERIOR

El termino o expresión sanidad interior no existe en la Biblia. No son pocas las personas en el mundo evangélico que dicen tener un don o ministerio especial sobre este tema y algunos dictan seminarios o cursos arancelados sobre él.  Muchas personas, lo creyentes principalmente, acuden a estos encuentros sin saber con qué se van a encontrar, llevados por un malestar y dolor interior no físico. Una mezcla de ansiedad, angustia y culpa condimentada con rencor y presencia de raíces de amargura. Han probado muchas cosas y esperan que algo “magico” ocurra esta vez. 

En la tarea de aconsejamiento matrimonial y familiar uno encuentra que la falta de perdón es la principal causa de divisiones, alejamientos y destrucción de los vínculos en los matrimonios, las familias, amistades, relaciones interpersonales e iglesias. Algunas personas prefieren perdonar y vivir en paz el resto de sus vidas; mientras otras guardan un rencor y “sed de justicia” en sus corazones por algún daño que recibieron, ese odio es tan grande que con solo escuchar el nombre de la persona con la que tienen ese problema, les intranquilidad, furor y pierden la paz interna y el recuerdo de lo pasado se posesiona de ellos nuevamente. 

Una persona que ha sido mordida por una serpiente venenosa, tiene dos opciones: Deja que la serpiente se vaya y se dedica a curarse del veneno para seguir viviendo; o persigue a la serpiente para matarla y morir mientras la persigue. La verdadera paz y sanidad interior se logra diagnosticando el origen, que la mayoría de las veces son pecados de relación, donde la bondad, la misericordia y el perdón han estado ausentes... 

Tenemos que comprender que tenemos el deber de perdonar a los demás y pedir perdón por las faltas cometidas en contra de otra persona. Es la única forma y que así mismo viva en paz con Dios y su prójimo. 

¿Qué es lo que podemos llamar sanidad interior? 

La sanidad interior biblicamente expresada no es otra cosa que el Espíritu Santo llenándonos plenamente.- Efesios 5:18. Es el proceso divino mediante el cual Dios manifiesta por medio de su Espíritu en cada uno de sus hijos, de una manera sobrenatural, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe y mansedumbre. – Galatas 5:22, otorgándonos salud y fortaleza a almas afligidas por diferentes circunstancias de la vida. 

Dios creó un mundo perfecto, todo “…era bueno en gran manera.” - Génesis 1:31. No había maldad. Su plan era de bendición y abundancia, pero con la desobediencia del hombre vinieron tremendas consecuencias sobre todo lo creado. Una de esas consecuencias es que la maldad entró en el corazón del hombre y se quedó a vivir en él hasta ahora - Genesis. 6:5-6, lo cual nos ha traído tristeza y dolor, todo como resultado de nuestros propios actos. 

Perdón sin límites  Pedro preguntó a Jesús: ¿Señor, cuantas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le respondió: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” - Mateo 18:21-22.  Los rabinos enseñaban que los judíos debían perdonar a una persona tres veces. Es evidente que Pedro pensó que Jesús estaba hablando de un perdón legalista. Pensó que perdonar a alguien siete veces excedería las exigencias de los rabinos. Pero la respuesta de Jesús indicaba que no estaba estableciendo el número de veces que un creyente debe de perdonar a alguien. Mas bien que además que el perdón debe ser ilimitado, debemos perdonar siempre y para siempre. Si vivimos motivados por el amor, haremos lo que podamos para lograr la reconciliación.  Jesús no menciona la clase ni el tamaño de la falta; aún más, la respuesta de Jesús está fuera del alcance del ser humano, el perdón es posible solo a través de la ayuda divina.  - Efesios 4:32; Colosenses 3:13. 

No siempre es fácil perdonar a quien nos haya hecho mal. A veces podemos sentir el deseo irresistible de vengarnos, otras veces la gente prueba nuestra paciencia hasta el límite. Sin embargo, podemos tener una actitud perdonadora aún hacia quienes nos han causado el dolor más profundo si permitimos que fluya a través de nosotros el amor de Cristo. 

La dificultad de perdonar antes de la cruz 

En la enseñanza sobre la oración del Señor Jesús a sus discípulos, el tema del perdón de Dios está ligado a nuestra misericordia y perdón: “Padre nuestro… perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Esta condición fue dada sin duda para que nos diéramos cuenta en primer lugar del valor del amor de Dios, no comparable al que puede brindar el hombre y en segundo lugar para darnos cuenta de lo imposible que le resulta al ser humano para perdonar sin condicionamientos. 

La nueva vida en cristo


La misericordia y el perdón son parte de la naturaleza de Dios; sus hijos han de reflejar esa naturaleza. El que alberguemos amargura o guardemos rencor no concuerda con el carácter de Dios. Él tiene misericordia de quien se arrepiente, y arroja sus pecados en lo profundo del mar: “El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo de la mar todos nuestros pecados.” - Miqueas 7:19. 

Pudiera no ser fácil perdonar a quien nos haya ofendido. La ofensa pudiera habernos herido profundamente. Pero como nuevas criaturas que somos en Cristo, tenemos el deber de perdonar tal como Cristo nos perdonó a nosotros. Nuestro pecado contra Dios es mucho mayor que cualquier mal o injusticia que pueda cometerse contra nosotros. Pero Dios respondió a nuestro clamor de misericordia y nos concedió el perdón, sin importar nuestro pasado y nos reconcilio con él. Pablo nos recuerda: “De modo que si alguno esta en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.” – 2ª Corintios 5:17 

Un aspecto particular del perdon


Por mucho tiempo sostuve que el cristiano no podía ser más que Dios y perdonar sin que el ofensor pidiera ser perdonado. MI pensamiento era: “Si Dios exige el arrepentimiento y la confesión de la falta para ser perdonado mi ofensor debería hacer lo mismo.” Peo no es la misma situación.  Dios exige el arrepentimiento y el clamor del perdón, porque el es santo y el pecado ha ofendido y ofende su santidad, situación que no se resuelve hasta que el pecador se confiesa ante el. En cambio nosotros no estamos en la misma condición, por lo tanto podemos perdonar sin que nuestro ofensor se arrepienta y pida perdón.  En verdad no es que no queremos “ser mas que Dios”, sino que nuestro orgullo esta herido. Cuando es así, ni aun pidiéndonos perdón perdonamos, entonces pasamos de victimas a victimarios. Porque para Dios es tan pecador el que ofende como el que no perdona. 

Hay muchos cristianos que a pesar de estar en Cristo siguen sufriendo por situaciones pasadas, no disfrutan el presente porque no han dejado atrás esas experiencias negativas. El pasado está fuera de nuestro alcance, no podemos hacer nada para cambiarlo. La clave no está en olvidar lo que nos sucedió, eso es imposible, sino en que lo pasado, al venir a tu mente, no nos inquiete ni nos moleste. 

Al igual que toda alma necesita el perdón de Dios, el ejercicio y práctica del perdón es necesario en la vida del creyente o vivirá en desgracia, rencor y depresión el resto de su existencia. Cuando perdonamos somos libres y podemos ser instrumentos de bendición en las manos de Dios. 

Dios nos invita a vivir una vida abundante en Él: “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” - Juan 10:10. A regocijarnos en Él todo el tiempo: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez os digo: ¡Regocijaos!” - Filipenses 4:4. A menudo el perdón es difícil, sobre todo cuando el mal se comete contra nosotros o sobre nuestros seres queridos. Pero Dios puede darnos el poder y la voluntad de perdonar, permitiéndonos vivir en perfecto amor y unidad los unos con los otros. 

En síntesis, sanidad interior es saber perdonar como Cristo nos perdonó a nosotros, que nuestra nueva naturaleza sea conforme a la de Cristo. Sanidad es olvidar el pasado y vivir el presente de Dios para obtener vidas llenas de gozo y ser instrumentos útiles para Dios. 

Para meditar 

Quizá para aclarar nuestra situación y acercarnos a un autodiagnostico espiritual mas preciso debamos preguntarnos:  ¿Cuales son algunas razones que la que tengo dificultad para perdonar a los demás?  ¿Cómo puedo aplicar estos principios para perdonar a alguien que me haya perjudicado u ofendido?  El Señor nos ayude a poner en práctica su Palabra. 

Osvaldo Juan Maccio.



lunes, 29 de junio de 2015

Creer con fe

"El (Abraham) creyó en esperanza contra esperanza" Romanos 4.18.
Eso es fe!!! "... la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11.1). Abraham tenía una fuerte e impactante promesa de Dios, esa era su gran certeza... Dios le había dicho: "mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: así será tu descencia. Y creyó a Jehová y le fué contado por justicia" Genesis 15.5-6. Creerle a Dios a veces cuesta, más cuando la promesa suena algo exhagerada: "cuenta las estrellas, si las puedes contar... asi será tu descendencia" y si a esto le sumas que el cuerpo de Abraham "estaba ya como muerto (siendo casi de 100 años), o la esterilidad de la matriz de Sara" Romanos 4.19.
¿cómo iba a tener esa descendencia incontable cuando las posibilidades eran cero de cero?. Al enterarse Sara de la que parecia una total y absurda promesa su respuesta fue quizá la que uno espera cuando le cuentan un muy buen chiste... "Se rió, pues Sara entre sí..." Genesis 18.12. Parece muy gracioso... ¡pero no lo es! cuando Dios promete algo ¡lo cumple!... aunque con una condición SI, Y SOLO SI SE LO CREES.
"Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibio fuerza para concebir, y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, PORQUE CREYÓ QUE ERA FIEL QUIEN LO HABÍA PROMETIDO" Hebreos 11.11.
Cuando ya no queden esperanzas en las cuales creer todavia podes creer en la esperanza contra esperanza... aquella "convicción de lo que no se ve".
Quiza humanamente ya no haya una mínima esperanza de nada, puertas enormes pueden estar cerradas con cerrojos de hierro, imposibles de abrir, pero una de esas... si mirás por el agujero de la cerradura... podrás escuchar al Señor decirte "Si puedes creer, al que cree TODO le es posible" Marcos 9.23. Entiendase TODO por TODO... pero para eso hay que "PODER CREER".
¿Podes contar las estrellas?... Ni Abraham puede contar su descendencia.


D.A.K.

sábado, 6 de junio de 2015

¿Cómo describirías a Dios en otra palabra?

Ayer me encontré con esta pregunta, a la cuál respondí instantáneamente “indescriptible” (admito que lo respondí manejando). Sin embargo es inconclusa y una “media verdad”. Dios es indescriptible y a la vez también se lo puede describir, pero prefiero utilizar “Dios es incomprensible, pero conocible” (*)
En Isaías 40.18 El mismo Isaías formula la siguiente pregunta: “¿A qué, pues haréis semejante a Dios, o que imagen le compondréis?” por otro lado Jesús dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a tu, El único Dios verdadero y a Jesucristo a quien has enviado” (Juan 17.3)
Lutero habla de un Dios escondido y de el Dios revelado. La teología reformada afirma que Dios puede ser conocido, pero que es imposible que el hombre alcance un conocimiento exhaustivo y perfecto de Dios en todo sentido. Alcanzar tal conocimiento equivaldría a comprender a Dios y esto ya queda fuera de nuestro asunto. (*)
Cuando intentemos imaginarnos cómo es Dios, por necesidad tendremos que usar lo que no es Dios como el material en bruto para que nuestra mente trabaje sobre él; de aquí que, comoquiera que nos imaginemos que Dios es, no será así, porque habremos construido nuestra imagen a partir de aquello que Él ha hecho, y lo que Él ha hecho no es Dios. Si insistimos en tratar de imaginárnoslo, terminaremos con un ídolo, no hecho con las manos, sino con los pensamientos; y un ídolo de la mente es tan ofensivo para Dios como un ídolo hecho con las manos. (**)
Aprendemos a base de utilizar lo que ya conocemos como puente sobre el cual pasamos rumbo a lo desconocido. A la mente no le es posible irrumpir de pronto más allá de lo familiar en lo que le es extraño por completo. Aun la mente más vigorosa y osada es incapaz de crear algo a partir de la nada, por medio de un acto espontáneo de la imaginación. Esos extraños seres que pueblan el mundo de la mitología y la superstición no son creaciones puras de la fantasía. La imaginación los creó tomando los habitantes corrientes de la tierra, el aire y el mar y extendiendo sus formas familiares más allá de sus fronteras normales, o bien mezclando las formas de dos o más de ellos, de tal manera que se produjera algo nuevo. Por hermosos o grotescos que sea, siempre se puede identificar a sus prototipos. Son parecidos a algo que ya conocemos” (**)
Cita también Tozer extracto de un libro de Nicolás de Cusa (The vision of God) hablando de Dios dice: “El intelecto sabe que te ignora porque sabe que no se te puede conocer a menos que se pueda conocer lo imposible de conocer, y se pueda ver lo invisible, y alcanzar lo inalcanzable” (**)
¿Hay formas de conocer a Dios?, si efectivamente que sí… Dios es incomprensible pero también conocible…
Dice el apóstol Pablo en 1 Cor 2.7-10. “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría OCULTA, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, a la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a NOSOTROS POR EL ESPÍRITU; PORQUE EL ESPÍRITU TODO LO ESCUDRIÑA, AUN LO PROFUNDO DE DIOS” 
Es inútil y carente de sentido tratar de “intentar” conocer a Dios desde la razón de la lógica de una mente que no tiene el Espíritu de Dios ya que Dios las revela por medio de su Espíritu, quien no tiene el Espíritu de Dios nunca va a poder conocer la sabiduría oculta de Dios. 
Tratar de definir a Dios en una palabra es tan imposible como querer enmarcar el infinito, sin embargo se lo puede conocer… ¿De qué manera?. Seguimos mañana…
Nota: Textos tomados de 
“Teología sistemática - Berkhof.” (*)
“El conocimiento del Dios Santo” - A. W. Tozer (**)

D.A.K.

La inclinación del hombre hacia el mal

Una doctrina de la biblia que siempre me cautivó es la de la depravación total del hombre. En ella no se encuentra rastró alguno ni una pizca de mérito personal en relación a la salvación y el resultado de un estudio profundo conlleva a ver desde el polvo (lo que somos) la grandeza, gracia y misericordia desde otra dimensión.
Tomo algunos extractos del libro "La doctrina bíblica sobre la cruz de Cristo I" (de Horacio A. Alonso).
Génesis 6.5 "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal." "mucha", "todo", "de continuo", "solamente el mal", indicando la inclinación del hombre hacia el mal.
"Cuanto más entienda el hombre la verdadera dimensión de su tragedia como pecador, mejor estará en condiciones de apreciar la maravillosa liberación que la gracia ha logrado. Si el hombre no entiende claramente su posición en el pecado no podrá entender su posición en Cristo."
"La gravedad de la caída del hombre, tal como la presenta la Biblia, es la que explica que el mundo esté como está"
"La caída del hombre ha creado una crisis perpetua y esta crisis es insoluble si el pecador no nace, espiritualmente, de Dios.
En ocasiones se escuchan mensajes de predicación en los que se apela "a lo bueno" del hombre. Este método no da resultado, y, además, no es el método de Dios. Es inútil apelar a lo que el hombre debe hacer.
El método de la Biblia consiste precisamente en lo opuesto, consiste en que el hombre se enfrente a los hechos. El hombre es colocado frente a los hechos, y frente a la luz de las Escrituras. Se lo pone allá para que aprenda a verse como Dios lo ve. Nuestra predicación no puede eludir este punto. Pero al mismo tiempo, nuestra predicación tiene que conducir a que el hombre aprecie lo que Dios ha hecho. Esto es lo grande del Evangelio. Dios se ha colocado, literalmente, en el lugar del hombre. Cristo se ha identificado con él, para llevar su pecado, para sufrir por ellos, para morir por el pecado y por el pecador, y esto e bien distinto de poner el énfasis en el hombre, cuando es predicado el Evangelio de gracia."
"Los que predicamos el Evangelio no debemos pensar que somos agentes de relaciones públicas... No somos diplomáticos sino profetas, y nuestro mensaje no es un compromiso sino un ultimátum"

D.A.K.

...pero pida con fe...

"Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada." Santiago 1.5
Es interesante que sigue... pero pida con fe, ya que el que duda es arrastrado por las ondas del mar, llevado de un lugar a otro, quien pide así no puede esperar respuesta alguna de parte de Dios.
¡Cuántas veces pedimos sin fe!, pareciera que hablamos con nosotros mismos con el simple fin de desahogarnos... sin tener en cuenta QUIEN es el que nos oye, de esa forma las mismas olas de nuestro desahogo nos terminan arrastrando y ahogando en lo más profundo del mar que nosotros mismos creamos.
Recordemos "que sin fe es imposible agradar a Dios" (Heb 11.6). Quien se acerca a Dios debe realmente creer en él y que él es galardonador de los que le buscan.
Si su Palabra es verdad y dice que si le pedimos sabiduría el nos la va a dar de manera abundante y sin reproche ¿por qué no creemos esa verdad? o peor, ¿por qué no nos acercamos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y gracia en el oportuno socorro?
¡Que lo que vemos por vista no nos nuble la invisibilidad de la fe!


D.A.K.

¿No ardía nuestro corazón?

Lucas 24.13-35
13 Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15 Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. 17 Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? 18 Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? 19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20 y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. 21 Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. 22 Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; 23 y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. 24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron. 25 Entonces él les dijo: !!Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? 27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. 28 Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. 29 Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. 30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. 31 Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. 32 Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? 33 Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, 34 que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. 35 Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.”
Después del atroz asesinato que Jesús recibió en aquella cruz, vino su sepultura y posteriormente la resurrección. Jesús, debió pasar por aquella cruz para vencer a la muerte, el sabía muy bien lo que iba a padecer: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar, nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar…” Juan 10.17-18
Después de que el Señor vuelve a tomar su vida, resucita, se aparece a gran número de personas… entre las cuales están estas dos personas que iban camino a Emaus sus ojos estaban “cerrados espiritualmente” por eso dice “Entonces les fueron abiertos los ojos y le reconocieron”. Posteriormente, cuando ya Jesús desaparece de su vista, se preguntan: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino y cuando nos abría las Escrituras?.
Acá me quiero detener y abrir un gran paréntesis. ¿Cómo fue que sucedió esto? Para que ardan los corazones es necesario sí o sí que se abran las escrituras, la fe en Dios viene por oír su voz, su voz está plasmada en la biblia… “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10.17). Es imprescindible que abras tu biblia para conocer a Dios, su palabra es la que da vida al que está muerto espiritualmente. “NO ARDÍA NUESTRO CORAZÓN” – Jesús al abrir las escrituras estaba empezando a encender una llama que iba a generar que se disiparan las tinieblas que estaban tapando sus ojos espirituales, esa llama se propagó de tal forma que el fuego creció hasta quemar sus corazones y comenzaban a arderles (literalmente hablando) hasta que finalmente, después de partir el pan, sus ojos fueron abiertos.
Hebreos 4.12 dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos y discierne los pensamientos y las intensiones del corazón” No hay nada en la tierra que tenga más poder que la palabra de Dios, la bomba nuclear puede destruir, matar multitudes y devastar grandes ciudades pero la palabra de Dios tiene el poder de resucitar a los que están muertos espiritualmente.
Sin embargo el diablo es el encargado de cegar el entendimiento de las personas para que a estas no les resplandezca la luz del evangelio de Cristo (2 Corintios 4.4). Después que el pecado entró al mundo el mundo quedó bajo la potestad (dominio) del maligno (del diablo 1 Juan 5.19), en otras palabras… el mundo quedó en sus manos. Por lo tanto todo hombre que nace está esclavizado al pecado, y para salir de esa cárcel y encontrar libertad se necesita de un poder mayor para el rescate. Eso se solucionó en la cruz. “Era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos…” (Hechos 17.3) “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo.” Hebreos 2.14”. El precio del rescate fue la sangre de Cristo, ese costo altísimo lo tuvo que pagar fue por las consecuencias de nuestras rebeliones, de nuestros pecados.
Siempre caminamos en alguna dirección, muchas veces sin sentido, otras veces en busca de cosas equivocadas, estos dos iban camino a una aldea llamada Emaus, ¿A qué o para qué? no sé, pero de lo que sí estoy seguro, es que Dios los estaba buscando, que Dios los encontró, que les hizo oír su voz “Les abrió las escrituras” y que sus corazones empezaron a sentir ese fuego que solo Dios por su Espíritu puede encender. ¿Arde tu corazón?. Quizá lo que esté faltando para que esto suceda sea que abras las escrituras para que luego te sean abiertos los ojos y puedas ver al Rey de Gloria en todo su esplendor.

D. A. K.